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Rodas versiona la obra el método Gronholm

Mercedes, Fernando, Carlos y Enrique no se conocen entre sí, pero durante un determinado tiempo deben convivir.

Mercedes, Fernando, Carlos y Enrique no se conocen entre sí, pero durante un determinado tiempo deben convivir. Tienen distintas personalidades que poco a poco irán mostrando mientras parece interminable la espera de una entrevista de trabajo para ocupar una jefatura en una empresa.

Ella, fría y calculadora, es quien asimila más la conducta del resto, mientras que Fernando es agresivo. No tiene reparos en decir lo que siente, aunque eso lastime a otros. Es grosero e intolerante.

Carlos es lo opuesto a Fernando. Es paciente y tolerante. Incluso, a ratos, se convierte -sin proponérselo- en una especie de mediador entre ellos durante los momentos más intensos; mientras que Enrique es el ‘chabacano’ del grupo. Luce una melena descuidada y no le importa lo que digan los demás, quizás se relaja al extremo. Tiene una conducta más cercana a la de un tipo de pueblo.

Son los personajes de El método Gronholm, la obra original del español Jordi Galcerán que la quiteña Cristina Rodas adaptó para los escenarios ecuatorianos. Su versión se estrenó el jueves pasado y tiene hoy una última función en la sala experimental del Teatro Centro de Arte.

Galcerán concibió la obra cuando se encontró con unos documentos en el tacho de basura de una empresa en Barcelona. Aquellos papeles contenían las descripciones discriminatorias por parte de un empleado del departamento de recursos humanos de una cadena de supermercados, luego de entrevistar a los postulantes al cargo. Las descripciones eran machistas, xenófobas, homofóbicas, y más.

Rodas cuenta que hace más de 6 años leyó el guión y le atrajo el hecho de que se trata de un tema universal, uno que se debe denunciar. Luego vio la puesta en escena que le permitió montarla, respetando el guión original y solo adaptando la lingüística, de la española a la ecuatoriana. “El trasfondo de la obra, que fusiona comedia con drama, es plantearle al espectador la interrogante: ¿qué buscan las transnacionales para deteminados cargos? Y eso tiene que ver con jefes que pueden ser corruptos o manipuladores, según el perfil que requiere el contratatante. Y también plantea la idea acerca de cuán dispuesto puede estar un aspirante al cargo. Hasta dónde puede llegar. Lo que queremos es proyectar situaciones extremas. Un ejemplo: un aspirante recibe la llamada de que un familiar murió y debe decidir entre ir al funeral o continuar con la espera a la entrevista”, explica Rodas, quien, además de dirigir la obra, interpreta a Mercedes.

Rodas creó el concepto de la escenografía: una sala de espera, pero entre rejas, dentro de una jaula. “La idea es hacer que el espectador tenga la sensación de que los personajes son observados como si estuvieran en un reality tipo ‘gran hermano’ o como si fueran objeto de algún experimento. El escenario incluye espejos en los que el espectador se verá reflejado y creará un ambiente de mayor angustia entre los personajes”, detalla Rodas.

Ricardo Velasteguí encarna a Fernando, Álex Cisneros es Carlos, mientras que Christian Castillo le da vida a Enrique.

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