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Medalla de oro en ballet internacional

María Clara Ambrosini es guayaquileña, tiene 20 años, mide 1,54 metros y hace pocos días trajo para el país la medalla de oro de una de las competencias de ballet más importantes de América.

María Clara Ambrosini es guayaquileña, tiene 20 años, mide 1,54 metros y hace pocos días trajo para el país la medalla de oro de una de las competencias de ballet más importantes de América.

En Estados Unidos, donde se desarrolló el concurso Miami International Ballet Competition, la joven mostró su técnica junto a talentos norteamericanos y a bailarinas de China, Malasia, Panamá, Perú, Brasil, Colombia, México y República Dominicana.

Pero ella, la única ecuatoriana en competencia, no solo se llevó el primer lugar aquel día en el teatro Juliuss Littman de Miami con su ballet clásico y contemporáneo, sino que vio cómo otras puertas comenzaron a abrirse. Ganó una beca para estudiar en Italia y, además, fue invitada a participar en el Festival Internacional de Miami, que se desarrollará en julio y que reunirá a las estrellas mundiales del ballet.

Un logro más para una guayaquileña con una trayectoria exitosa y que ha tenido al arte como su motor. Una muestra fue su llegada a la competencia de Estados Unidos para la que se preparó durante tres meses con las maestras ecuatorianasIrina Pesantes y Belén Burgos. Estuvo allí gracias a un trabajo intenso, que comenzó cuando tenía dos años y que la llevó hasta Argentina el 2016 como parte de la compañía de ballet Centro del Conocimiento.

“Allí hubo una pequeña competencia interna llamada Concurso Internacional Latinoamérica Danza y gané la medalla de oro, entonces uno de los miembros del jurado me invitó a participar en el concurso en Miami”, cuenta orgullosa María Clara.

Para ella, todo ha sido una cadena de reconocimientos y de disciplina. A la Argentina también llegó gracias a un premio, luego de ganar la medalla de bronce en una de las competencias de ballet más importantes del mundo: Valentina Kozlova International Ballet Competition. Ese día le llovieron los contratos de trabajo. Podía escoger entre España, Estados Unidos y Argentina, pero ella decidió quedarse, por el momento, en América Latina.

Hace poco regresó a Ecuador como parte de la compañía de ballet del Teatro Centro de Arte y ya piensa en el futuro cercano y a largo plazo. Ve hacia atrás y recuerda que el apoyo familiar fue clave para llegar hasta donde está ahora.

Cuando era tan solo una niña, sus padres Eliana y Paolo Ambrosini apostaron por el ballet. No fue coincidencia, sabían que ella llevaba en las venas el talento de su abuela, Susana de Ambrosini. Poco a poco fue perfeccionando la técnica y acudiendo a concursos como DanzaEuropa el 2011 (medalla de oro) o a la American Dance Competition (Outstanding International Dancer), Russian Masters Ballet Camp y Universal Dance Association, el 2015. Y unos años antes, el 2010, ya había participado en la competencia de ballet más importante del mundo: Youth America Grand Prix 2010 Finals de New York.

En esa ruta ha mostrado su talento como primera bailarina en El Cascanueces, con la Escuela Rusa de Ballet Ana Wiesner; en la Leyenda del Cascanueces, del Teatro Sánchez Aguilar; en Don Quijote, de la Compañía En Avant con la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, y en otras como Carmen, la Esmeralda o Sueño de una Noche de Verano. Lo que viene será aún mejor y para lograrlo todos sus días están dedicados a entrenar sin descanso.

Experiencia

Su presentación más emotiva

Ha subido incontables veces a las tablas y hacerlo siempre conlleva emociones; pero hubo una presentación que tuvo un matiz diferente para ella. Ese día fue la última vez que tuvo entre su público a una persona clave en su carrera, a Ana Wiesner.

María Clara se educó en la escuela rusa de ballet de esta artista, desde que dio sus primeros pasos hasta por casi trece años.

“Poco antes de que ella se fuera a Estados Unidos para someterse a tratamientos experimentales para el cáncer, en el Teatro Sánchez Aguilar hubo una presentación por el aniversario de Miguel de Cervantes, entonces hicimos la obra Don Quijote con la Orquesta Sinfónica de Guayaquil y yo tuve a cargo el papel protagónico”, recuerda.

Aunque Ana estaba muy enferma, ese día acudió a verla. “Fue una noche muy especial para mí porque bailé para ella”, cuenta con tristeza. Después de eso, la artista viajó y ya no volvió a verla, pues falleció en Estados Unidos.

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