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Las melodías de Óscar De Manuel, en el Teatro Centro de Art

El artista se presentará esta noche en Guayaquil, junto con la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, con su espectáculo Réquiem para una vida vivida.

Desde pequeño tuvo predilección por la música clásica. El instrumento en el que fijó su atención fue en la flauta. Así Óscar De Manuel logró incursionar en el flamenco sinfónico y ser el precursor en este género. El artista se presentará esta noche en Guayaquil, junto con la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, con su espectáculo Réquiem para una vida vivida.

Con varios premios internacionales como el Filón y su nombramiento en Quito como huésped ilustre por su labor pedagógica en universidades y colegios, De Manuel ha viajado por todos los continentes dando a conocer su trabajo en flamenco sinfónico.

“Realmente todos los trabajos pasan para algo, de todo se aprende, poco o mucho y se aprovecha como una oportunidad y no como una piedra en el camino, pegar el salto y creo que en todo esto ha sido un reto muy cotidiano, ser recto en mis trabajos y mucho rigor desde los últimos 4 o 5 años que me ha llevado trabajar y conocer en los mejores teatros del mundo cuando no lo pensaba hacer, la vida me ha llevado a los mejores sitios para ser un estilo de vida”, comenta.

Réquiem para una vida vivida se inspiró en las obras del escritor ecuatoriano Ramón Sonnenholzner, autor de La cueva del tiempo, Epigrámico, En mi hambre mando yo. A través de estos libros y su gusto por la lectura, De Manuel tuvo la idea para componer un réquiem clásico desde una concepción filosófica, que empieza desde el día hacia la noche.

“Algo de pérdida y dolor es el réquiem, siendo un proceso, una relación amorosa que inicia y termina, un trabajo que tiene su duración, evolución, una planta que nace, crece, florece y vuelve a caer. Todo es un proceso que da una vuelta grande o pequeña, pero siempre es un proceso a nivel filosófico, el réquiem significa eso, el proceso de la vida y la muerte, todo lo que va a pasar no llega a repetirse”, agrega.

La obra contiene arreglos de Dante Santiago Anzolini, director de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil.

 

En este mismo concierto, Anzolini estrenará Verliebte Asche, de su autoría. Es una pieza basada en fragmentos y motivos derivados de la canción Vasija de barro, “los cuales se transforman a través de procedimientos de raíz alemana (homenaje a Mahler y a Bach) acompañados de trazos estilísticos italianos (derivaciones de las músicas de Corelli y Monteverdi)”, apunta un comunicado de la Sinfónica. También se pondrá en escena Muerte y transfiguración, un poema sinfónico para Orquesta de Richard Strauss.

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