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Sangre nueva en ballet del Teatro Centro de Arte

Claudia García, graduada de bailarina clásica en el Conservatorio Rimsky Korzakov y licenciada en Danza de la UEES; María Isabel Ortega (del Conservatorio Rimsky Korzakov) y Dominique Gonzenbach (formada en Pam Studio y Escuela Rusa Ana Wiesner) son las n

Claudia García, graduada de bailarina clásica en el Conservatorio Rimsky Korzakov y licenciada en Danza de la UEES; María Isabel Ortega (del Conservatorio Rimsky Korzakov) y Dominique Gonzenbach (formada en Pam Studio y Escuela Rusa Ana Wiesner) son las nuevas integrantes de la compañía de ballet del Teatro Centro de Arte.

Ellas fueron escogidas en las audiciones del pasado viernes 6 de marzo, en las instalaciones de las Escuelas de Ballet, donde participaron bailarines de diversas escuelas de la ciudad. No ingresaron bailarines varones, pues ninguno cumplió con los requerimientos mínimos necesarios, informó José Manners, coordinador del ballet del TCA.

La audición consistió en una clase magistral de danza clásica, impartida por el maestro de origen serbio Sasa Adamovic, quien integró el jurado junto con la directora del ballet del TCA, Jéssica Abouganem; la directora de las escuelas de Arte del TCA, Rosario Delgado, y la coreógrafa del ballet del TCA, Irina Pesantes, quienes evaluaron la rapidez en la captación de frases coreográficas, conocimiento de la técnica, limpieza en la ejecución de los movimientos, elegancia en sus posturas, entre otros.

“Tengo 25 años y he bailado desde temprana edad. Desde el año pasado tengo un centro multidisciplinario de Bellas Artes, Cemba, en donde también se imparten clases de música y arte, y en el cual dirijo la división de danza”, afirma Claudia

Explica que se inscribió en el taller con el maestro Sasa Adamovic para continuar aprendiendo y mejorar su técnica. “Allí noté la mejoría que los bailarines del teatro han tenido y por eso me animé a la audición”, explica. Agrega que fue una clase completa, “en donde realizamos una barra, centro, saltos, giros y las mujeres bailamos en puntas”.

“Me emocioné mucho cuando me dijeron que iba a pertenecer al cuerpo de baile, porque es una gran oportunidad para mí, seguiré mejorando y bailando que es lo que más me gusta”.

Mientras, María Isabel Ortega asegura: “Cuando recibí la noticia, sentí una inmensa alegría que no podía contener, tenía a mi padre justo a mi lado y fue al primero que le conté y también se emocionó. Se me salió una lagrimita de felicidad, porque sabía que el esfuerzo realizado durante tantos años había valido la pena”.

Sabe que debido a su edad, 30 años, debe cuidar más su alimentación pero a la vez esto incrementa su alegría: “Tengo bastantes años bailando, por eso mi felicidad al ser miembro del ballet es inmensa”, resalta.

Por ello se promete a corto plazo dar lo mejor de sí cada día, “prepararme más, mejorar técnicamente, en pocas palabras convertirme en mejor bailarina, ganar más confianza en el escenario, bailar repertorio clásico y otras obras que sean creadas por mis maestros”.

Sobre la audición, Isabel, quien baila desde los 4 años, señala que se trató de “una clase de ballet de nivel muy avanzado, es decir, muy profesional, en el cual el maestro buscaba el grado de dificultad al que podíamos llegar. Muchas combinaciones de pasos que solo bailarines con mucha preparación pueden hacer. Los ejercicios los decía una sola vez y de esa forma veían cuánta captación y memoria tenían quienes audicionaban”. (F)

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