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Irina Pesantes asegura que la danza es su razón de ser

“La danza es mi vida, es a lo que me dedico, es todo, es lo que hago desde que me levanto hasta acostarme”.

“La danza es mi vida, es a lo que me dedico, es todo, es lo que hago desde que me levanto hasta acostarme”. Así define su vocación Irina Pesantes, con 22 años de trayectoria profesional, casi todos en el Teatro Centro de Arte de la Sociedad Femenina de Cultura y ganadora de numerosos premios y reconocimientos, tanto como bailarina, maestra y coreógrafa.

Recuerda que su inclinación por la danza le viene desde pequeña. “Según mi madre ya saltaba de puntas a los 2 años y en las fiestas ganaba los concursos de baile”.

Pero debió esperar varios años, pues un primer intento de estudiar en la Casa de la Cultura se frustró y luego quiso ser gimnasta olímpica, pero descubrió que además de no tener vocación, era demasiado alta para practicar este deporte.

Luego, cumplidos los quince años, empezó su intensa formación académica con su primera maestra, Noralma Vera, quien la llevó a ser bailarina, asistente y maestra en su escuela de danza, donde aprendió ballet con el maestro ucraniano Viktor Rybi y el cubano Rafael Villalón, y danza contemporánea con el mexicano Héctor Chávez.

“Noralma me preparó para enseñar, pues fui su asistente durante 1992 y 1993. Luego me encargué de la escuela cuando enfermó. Con ella participé de galas clásicas, neoclásicas y contemporáneas, e hice mi primera función en 1993”, recuerda Irina. Al año siguiente, tras ganar una audición fue nombrada maestra de la escuela de danza del Teatro Centro de Arte, cargo que desempeña hasta hoy.

Allí se integró al ballet juvenil creado por la maestra cubana Clara Díaz. “Salía de clases y entraba al ensayo del cuerpo de ballet. En esta etapa siguió perfeccionándose con la guía de Clara Díaz y su esposo, Fausto Arroyo, así como de Freddy Rivadeneira, quien “durante quince años fue mi maestro en las mañanas. Luego daba clases en el TCA y en la noche trabajaba con el cuerpo de ballet”.

Su formación la completan varias becas en Chile, Argentina y Rusia, con los maestros Tatiana Petrova y Vladislav Kuramshin. “Con ellos me pulí, fue como un posgrado en pedagogía y metodología”.

Como maestra ha descubierto talentos como Pedrito Cabrera, quien a sus ocho años tiene una prometedora carrera en la danza, que ella asegura podría llevarlo a lo más alto a nivel internacional. También halló el talento de Genaro Freire, becado en EE.UU., en la academia Joffrey Ballet y, de Fausto Zamora, miembro del ballet del TCA.

Sobre ellos señala que “soy feliz porque pude ayudar a que destaquen”. Reconoce que cuando ve a alguien con talento “lo visualizo y proyecto como será en el futuro. No sé explicarlo, es como una ráfaga de luz que me asombra”.

Recientemente presentó su obra de danza contemporánea, Equipaje. Al respecto señala que aunque le gusta la danza clásica por la belleza de las formas, prefiere la contemporánea, porque “hay mucho más libertad. No hay límites”.

Así confirma una tercera etapa de su carrera: la de coreógrafa. Explica que escucha la música y en ese momento empieza a crear el montaje. “Para mí todo es danza. Está en todas partes, en los árboles, el viento, los animales, las personas. Tengo el concepto, oigo la música, veo al bailarín y me vienen las imágenes, es como una posesión. Yo no creo mecánicamente, yo creo espontáneamente”, afirma.

Resalta que Patricia Aulestia y otros maestros le han dicho: “No dudes, tienes talento natural, no pienses, fluye con tu creación, pues si lo piensas lo hechas a perder”.

Agrega que “al montar la obra me inspira el bailarín, veo sus ojos creo en él. Tiene que brillar con la coreografía y entender el concepto de lo que baila, que sus movimientos no son solo porque son bonitos sino que tienen una razón de ser”.

Mirando en retrospectiva manifiesta segura: “No siento frustración. Talvez me hubiera gustado nacer en un país con más desarrollo cultural y apoyo a la danza y que descubrieran mi talento muy niña para haber llegado más alto, pero estoy en el camino y sigo porque no he terminado”.

Muy reservada con su vida privada reconoce, no obstante, que una relación sentimental que duró muchos años, “con un artista muy conocido en el medio, llegó a su fin porque tuve que elegir: O salvo la relación o dejo la danza que es mi vida. Y escogí la danza”.

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