• Km. 4.5 Vía a la Costa, Guayaquil-Ecuador
  • +593 200 36 99

Patricia Ruiz viste las obras del Teatro Centro de Arte

Quería ser doctora, pero se desmayaba cuando veía sangre, así que abandonó la universidad y tras heredar el taller de costura de su madre, Blanca García, se dedicó a ese negocio

Quería ser doctora, pero se desmayaba cuando veía sangre, así que abandonó la universidad y tras heredar el taller de costura de su madre, Blanca García, se dedicó a ese negocio y desde el 2000 es quien hace los trajes para el cuerpo de ballet del Teatro Centro de Arte (TCA) y para las alumnas de la academia de esa entidad cultural.

Patricia Ruiz de Rumbea cuenta que toda esta maravillosa aventura comenzó cuando una de sus clientas, que era dama de la Sociedad Femenina de Cultura, que dirige el TCA, le dijo que si quería hacer unos trajes para una obra que iba a presentar el teatro.

Le respondió que sí, pero días después cuando se presentó ante Rosario Delgado Viteri, directora de la escuela de arte del TCA, para que la conociera y le indicara lo que necesitaban que confeccionara, ella reaccionó con sorpresa y preocupación: “¡Uy! , voy a padecer con esta chica”.

Entre risas Paty, como le dicen en el teatro, exclama: “Es que yo tenía 16 años menos que ahora que tengo 54, me veía muy jovencita, y eso preocupó a Rosarito”.

Sentadas en la oficina de la directora en el TCA, en el kilómetro 4,5 de la vía a la costa, ahora ambas recuerdan con humor ese episodio.

“Habíamos tenido anteriormente una mala experiencia con unas costuras. Entonces queríamos los trajes porque íbamos a montar el ballet completo de la Fille mall gardeé, pero veo venir a esta chiquilla y empecé a desconfiar de su experiencia, porque una cosa es confeccionar un bonito traje y otra hacer los de ballet. Le dije con mucha desconfianza quiero un modelo de esto, de lo de acá, tienen que llevar esto y aquello. La verdad es que cuando me trajo los trajes yo me quedé fascinada, y desde entonces se quedó con nosotros en el teatro y fijo con el ballet”, recuerda la directora.

Rosario añade que su preocupación era porque no sabía si Paty estaría capacitada para hacer los trajes, entre los que estaban un disfraz de pato y uno de gallo, que se debían confeccionar de tal forma que le permitieran bailar a la bailarina que lo usara.

Paty había aprendido a hacer disfraces luego de que una amiga que dirigía se lo sugirió. “Los hice y me encantó la línea de los disfraces, en especial para los chiquitos”, anota sobre la experiencia que tenía cuando se presentó por primera vez ante la directora Rosario.

Patricia es de origen chileno, llegó a Guayaquil cuando tenía diez años de edad. “La empresa donde trabajaban mis padres los transfirió. Somos cuatro hermanos, pero solo vinimos mi hermana mayor y yo, porque mis dos hermanos eran marinos en Chile y les tocó quedarse”, recuerda.

Muchos años después su familia se regresó a su país, pero ella se quedó, heredó el taller de costura de su mamá y se casó con Jaime Rumbea, médico guayaquileño de madre chilena.

Desde el 2000 gran parte de su tiempo se lo dedica al TCA. “Es un trabajo con plazos que cumplir, no es hacer una blusa, es algo que si no está para la fecha fijada, luego ya no sirve el traje porque ya pasó la función”, dice Patricia, quien cuenta con un equipo de cinco costureras que desde sus hogares realizan las confecciones.

Para empezar un trabajo ella se reúne con la directora de la escuela, quien le comenta qué es lo que se va a hacer y comparte sus ideas. Luego empieza a bosquejar los diseños, toma medidas a los bailarines, consigue las telas y todo lo que necesita, manda a confeccionar, hace las primeras pruebas en el cuerpo de los bailarines y también una con los trajes puestos practicando en el escenario.

“Veo si está bien el color, el largo, si se les dificulta bailar, dar vueltas, para corregir lo que haga falta. A veces son trajes complicados, por ejemplo, si se trata de una luciérnaga tengo que ponerle luces, pero cuidar de que no sea pesado para quien lo vaya a usar, que le permita bailar”, cuenta.

Para crear las ropas muchas veces tiene que leer, ver videos, películas sobre el tema. “La mayoría de las obras no son inéditas. Tengo que leer mucho sobre la época en la que están ambientadas. Ver cómo era el vestuario en esa época, qué materiales se usaban, qué accesorios se ponían”, explica.

Hasta la fecha ha hecho una infinidad de trajes, muchos permanecen en el cuarto de vestuario del teatro, entre los que están los que hizo para Romeo y Julieta, Cascanueces, El libro mágico. Lo último que está haciendo es los disfraces para La fragua de Vulcano, que es una obra de Luis Padilla y en la que el teatro ayuda en el montaje.

Patricia dice que ama lo que hace y que complementa su vida como esposa, madre de cuatro hijos y abuela. También disfruta mucho de cocinar, pero lo hace solo cuando tiene tiempo entre todas sus actividades.

Aparte de hacer trajes para el TCA y la escuela, ha trabajado con otras academias, con zarzuelas, con óperas, con todo lo que es espectáculo. (E)

Dicen de ELLA
Es una persona maravillosa, muy responsable en lo que hace. Si hay alguna falla en un traje, ella inmediatamente la arregla”.
Rosario Delgado,
Directora de la escuela de arte.

Nuestros auspiciantes